jueves, 5 de mayo de 2016

Eran las cuatro...

Eran las cuatro. La plena tarde. Y nadie vio nada. Y nadie nunca ve nada en estos lados. Las personas no saben. Han olvidado el habla, no comprenden los gritos, la angustia de un quejido en una acequia descampada. Las ventanas y los ojos usan tapias. Cada uno en su mundo. En los limites de su útero. Cada cual sordo a las plegarias inocentes. O quizá sus rezos y lamentos ahogan otras voces que gimen en la tarde despoblada. Tierra de nadie en mendoza. Y nadie oyó nada. La dulzura fue ultrajada de sus ropas. La niñez que es un poco nuestra. La siesta se hizo de un tono moretonrrasguño. Tinte sangre. Todo parecía  calma. Y nadie vio absolutamente nada a unos metritos de el smmog. El hollín y el cagazo esconden la verdad. Nadie ve nada. Nada que no quiera ver.
NACHO SANCHEZ®

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